¿Qué significan el Buey y la Mula en la iconografía de Navidad?
Cuando miramos un Belén, ya sea en casa o en una obra de arte, hay dos presencias constantes que nos resultan familiares: el buey y la mula. Son silenciosos, siempre están ahí, calentando la escena. Pero, ¿sabemos realmente por qué acompañan a la Sagrada Familia? Le invito a parar un momento, mirar despacio y descubrir el sentido que la tradición y los artistas han querido transmitir a través de ellos.
La presencia del buey y la mula se consolidó en la tradición visual a lo largo de siglos. Sin embargo, su peso iconográfico en la Natividad no depende tanto de una “anécdota” narrativa como de una lectura teológica y moral que el arte convirtió en imagen: el pesebre como lugar de reconocimiento.
La doble lectura: Isaías 1:3, el origen teológico del pesebre
El motivo más citado para explicar su inclusión se apoya en un versículo del profeta Isaías, que la imagen de la Natividad transforma en profecía cumplida y, al mismo tiempo, en advertencia moral:
«El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; ¡pero Israel no conoce, mi pueblo no comprende!» (Isaías 1:3)
Cuando los artistas sitúan a estos animales junto al Niño en el pesebre, no solo “decoran” la escena: construyen una declaración visual. Dos criaturas humildes reconocen lo que otros no ven.
1) Símbolos de la adoración universal
En una lectura extendida, el buey y la mula representan a la humanidad que, con el tiempo, reconocerá al Mesías. La escena se convierte así en un anticipo de la universalidad del mensaje cristiano:
- El buey: asociado tradicionalmente al pueblo de Israel, bajo el yugo de la Ley, llamado a reconocer a su Señor.
- La mula (o el asno): vinculada a los gentiles, los “de fuera”, que acuden sin pertenecer a la Alianza.
2) Una lección de humildad
Más allá de lo simbólico, estos animales actúan como espejo para el espectador. En el establo no hay lujo: hay silencio, pobreza y servicio. Y ese marco es parte esencial del mensaje de la Natividad.
- La humildad del lugar: un nacimiento en un establo, no en un palacio, recalca la elección deliberada de la sencillez.
- El aliento que abriga: la tradición interpreta su calor como un gesto de servicio: una forma de “adoración” sin palabras.
Cómo mirar sus gestos en las obras de arte
La próxima vez que contemple una Natividad (en una tabla flamenca, un retablo, un lienzo barroco o un belén doméstico), fíjese en ellos. A veces casi se confunden con la arquitectura del establo, pero su función es decisiva: su quietud y su mirada atenta contrastan con el bullicio de pastores y ángeles. Están ahí para situar la escena en un contexto humilde, activar la lectura de Isaías e invitar a una adoración silenciosa.
Mirar la escena con calma
El arte de la Navidad nos entrena para descubrir significados en lo pequeño. El buey y la mula recuerdan que el reconocimiento no depende del rango ni del conocimiento, sino de la disposición interior: estar cerca, mirar con atención y sostener —aunque sea con un simple aliento— lo esencial.
Escrito por Ana Carlota Valle
Las Claves del Arte