Al llegar el final del año, la Iglesia celebra la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios (Theotokos).
Este título no es solo un dogma, sino un eje central de la iconografía cristiana.
¿Sabes por qué la Virgen aparece sentada como una reina o por qué el Niño parece un pequeño adulto?
Virgen con el Niño entre los santos Jorge y Teodoro.
Icono en encáustica, ca. 600. Monasterio de Santa Catalina del Sinaí.
Dominio público.
3 claves iconográficas de la Virgen María
La frontalidad y el trono de Dios
El título Theotokos (Portadora de Dios) cambió profundamente la forma en que los artistas representaron a María.
Ella se convierte en el trono que sostiene a la divinidad.
Su postura suele ser rígida, frontal y solemne: el arte no busca el realismo de una madre joven,
sino la majestad de la Reina.
Esta frontalidad invita al espectador a una mirada de respeto y adoración,
propia de quien se sitúa ante el Rey del Universo, del mismo modo que ocurre en muchas escenas
del Retablo Mayor de la Catedral de Toledo.
El Niño Jesús como Logos o Sabiduría
En muchas de estas representaciones, el Niño Jesús no aparece como un bebé,
sino con rasgos de pequeño adulto.
A menudo bendice con la mano o sostiene un pergamino,
símbolos de que es la Sabiduría de Dios y el Juez.
Esta forma de representar a Cristo conecta con otras imágenes donde la infancia no es ingenua,
sino profundamente teológica, como sucede en la
Natividad de Caravaggio.
Virgen en Majestad (Theotokos).
Pintura mural románica, ca. 1123. Ábside de Santa Maria de Taüll.
Museu Nacional d’Art de Catalunya.
Licencia CC BY-SA 3.0.
El simbolismo del azul y el rojo
Los colores son fundamentales.
El manto azul —símbolo del cielo y de lo divino— y el vestido rojo o púrpura —símbolo de la realeza y la humanidad—
subrayan la unión de lo divino y lo humano que se da en Cristo.
A menudo, todo queda envuelto en un fondo dorado que invita a contemplar la gloria
manifestada en la humanidad de María.
La Theotokos y la esperanza
La historia de las imágenes de la Theotokos está profundamente ligada a la esperanza y a la paz en tiempos difíciles,
convirtiéndose en refugio visual y espiritual de pueblos enteros.
Virgen de Vladímir (Theotokos Eleousa).
Icono bizantino, siglo XII. Autor desconocido.
Dominio público.
El gesto de ternura anticipa el sufrimiento y revela la dimensión humana del misterio.
Que, al recibir el Año Nuevo, la belleza serena de la Madre de Dios nos acompañe
y nos ayude a mirar el tiempo con más calma.
Mirar hacia el futuro con calma
Que esta mirada a la belleza de la Theotokos te acompañe
y te dé serenidad para iniciar un nuevo ciclo.
Los iconos siempre nos enseñan a mirar más allá de lo evidente.
Me llamo Ana Carlota Valle Soriano, historiadora del arte, guía turística, profesora y técnica en patrimonio cultural. Desde mi proyecto Las Claves del Arte y el programa Arte Bajo las Estrellas comparto la belleza y el sentido del arte con un enfoque divulgativo y educativo. Creo en el poder del arte para educar la mirada y despertar la emoción.