Murillo y la Navidad
Una escena sencilla, humana y llena de ternura que sigue ofreciendo consuelo más de tres siglos después.
Una luz humilde que nace del Niño y consuela a quienes se acercan.
En plena peste, Murillo decidió pintar esperanza. Tres siglos después, su luz sigue siendo uno de los grandes regalos del arte en Navidad. Durante siglos, esta obra ha sido la postal navideña por excelencia: una imagen sencilla y luminosa que sigue hablando con la misma fuerza. Si te interesa ese enfoque aplicado a lo contemporáneo, aquí lo desarrollamos con ideas prácticas en Cómo crear tu postal de Navidad perfecta .
Bartolomé Esteban Murillo pintó La Adoración de los pastores hacia 1650, cuando Sevilla vivía uno de sus momentos más duros. Enfermedad, pobreza y silencio en las calles. En ese clima de incertidumbre, el artista eligió mostrar lo que sostiene al ser humano incluso en los tiempos frágiles: una luz sencilla que toca los corazones.
Una luz en medio de la oscuridad
Murillo conoció de cerca la fragilidad de su tiempo. La peste golpeó la ciudad y a su propio entorno, pero en esta obra no hay rastro de desesperación. La escena se construye desde una luz cálida que nace del Niño Jesús y se refleja en los rostros de quienes lo rodean. No es una luz teatral, sino una claridad íntima, como la que enciende el alma cuando necesita consuelo.
Esa experiencia nos resulta cercana tras la pandemia. Calles desiertas, miedo, incertidumbre, y el deseo profundo de encontrar un lugar donde descansar la mirada. Por eso esta obra, nacida en un mundo herido, sigue hablándonos con tanta fuerza.
El arte de mirar a los humildes
La mirada de Murillo es siempre humana. Sus pastores no están idealizados: parecen vecinos de Sevilla. Rostros marcados, manos gastadas, ropas humildes y una dignidad que llena la escena.
El anciano sonríe con serenidad, como quien encuentra al fin un motivo para seguir. La anciana contempla al Niño con ternura antigua, como si en Él hallara la paz que la vida le negó. El joven pastor, fuerte y descalzo, observa con emoción contenida, consciente de estar ante algo que lo supera.
Murillo convierte la pobreza en belleza y la sencillez en símbolo. Nos recuerda que la Navidad sucede en lo pequeño y en lo cotidiano, la misma clave que recorre la tradición del Belén como escuela de mirada en Belén: la estética humilde .
Una obra que consuela
Más allá del momento religioso, esta pintura ofrece un refugio. Murillo compone la escena como un lugar donde la empatía, la fe y la belleza se encuentran. Incluso el buey, al fondo, nos mira directamente. Ese gesto rompe la distancia y nos invita a entrar en la escena.
Durante el confinamiento, muchas personas descubrieron que el arte no quita el dolor, pero acompaña. Eso es lo que Murillo ofrece aquí: un consuelo silencioso que permanece en los momentos más difíciles.
Un mensaje que permanece
Tres siglos después, el mensaje sigue vivo. La esperanza no depende de las circunstancias externas, sino de la capacidad de mirar con amor. La Adoración de los pastores fue un regalo para una Sevilla herida y continúa siéndolo para nosotros.
Quizás por eso este cuadro —tan humilde, tan humano— sigue emocionando a quien lo contempla. Murillo habla un lenguaje universal: el de la compasión, la luz y la fe en la vida.
🎥 Para seguir mirando despacio: El análisis en vídeo
Si desea profundizar en la luz de Murillo y en el contexto de la peste, aquí puede ver el análisis completo:
Reflexión Final: A veces, una imagen basta para recordar que la esperanza puede nacer en cualquier lugar.
Si quieres seguir explorando cómo el arte puede acompañar en tiempos difíciles, puedes leer también Murillo y la esperanza en tiempos de peste .
Escrito por Ana Carlota Valle
Las Claves del Arte